Berlín fue testigo de una final que prometía romper con la hegemonía estadounidense y terminó confirmándola una vez más. Francia soñó durante veinte minutos con hacer historia, pero el baloncesto femenino volvió a inclinarse del lado de siempre. Estados Unidos se impuso 97-79 y sumó su quinto título mundial consecutivo, el duodécimo en total, en una noche que quedará marcada por una remontada tan contundente como implacable.
Estados Unidos remonta y conquista su quinta corona seguida
Nadie en el Berlin Arena esperaba lo que pasó en la segunda mitad. Después de irse al descanso abajo 45-43, el equipo de Kara Lawson salió con otra cara: más intensidad defensiva, más presión en cada posesión y una versión de sí mismo que había estado escondida durante buena parte del partido. Francia, que hasta ese momento había jugado con soltura y acierto, se topó con una muralla que no supo descifrar.
Breanna Stewart fue la gran protagonista de ese cambio de guion. Sus 22 puntos, sumados a un liderazgo evidente en los momentos de mayor tensión, le valieron el premio a la mejor jugadora de la final. No fue la única que respondió: todo el bloque estadounidense pareció entender, casi al mismo tiempo, que la corona estaba en riesgo real por primera vez en mucho tiempo.
Lo llamativo es que este no fue el Mundial más dominante de Estados Unidos en términos de juego. Italia y España ya le habían complicado la vida durante el torneo, limitando su producción ofensiva a apenas 28 y 39 puntos en los primeros tiempos de esos cruces. Aun así, el equipo norteamericano encontró la forma de cerrar el campeonato invicto, con seis victorias en seis partidos, demostrando que la experiencia y el oficio en los momentos decisivos siguen siendo su gran diferencial.
Francia dominó la mitad inicial, pero no le alcanzó
Durante los primeros veinte minutos, Francia jugó el partido que había imaginado. Llegó a sacar una ventaja de catorce puntos y cerró la primera mitad arriba 45-43, con un ritmo anotador que ilusionaba a los más de doce mil espectadores presentes. Gabby Williams, figura indiscutida del equipo, parecía encaminada a protagonizar la noche perfecta.
Pero el basquetbol de alto nivel tiene esa crueldad: lo que se construye en veinte minutos puede desmoronarse en los veinte siguientes. Francia se quedó sin gasolina ofensiva justo cuando Estados Unidos decidió apretar. El equipo europeo no encontró variantes ni respuestas, y ese bajón coincidió, de manera casi cruel, con el mejor momento de su rival.
Para las francesas, esta final tenía además una carga emocional particular. Buscaban la revancha de la final olímpica de París 2024, perdida por apenas un punto (67-66) en un tiro de Williams que pisó la línea de tres en el último instante. Volver a caer ante el mismo rival, en un partido que también dominaron por tramos, deja un sabor agridulce. Aun así, la plata obtenida en Berlín representa la segunda medalla mundialista en la historia de Francia, un logro que no debe minimizarse pese a la nueva derrota ante Estados Unidos.
El podio quedó completo con España quedándose el bronce tras vencer 81-58 a Alemania, con Iyana Martín como una de las figuras del encuentro. Así, Berlín despidió un Mundial que reafirmó lo que ya se sabía: destronar a Estados Unidos en el baloncesto femenino sigue siendo, por ahora, una tarea pendiente. Francia lo intentó con todo, pero la historia volvió a repetirse.



