Sebastián Viera no se anduvo con eufemismos. En su primera rueda de prensa tras dos semanas al frente de Junior, el técnico uruguayo decidió poner cifras concretas sobre un problema que el hincha rojiblanco conoce de memoria: la crisis clasificatoria del equipo. Y lo hizo sin esconder la magnitud del desafío ni maquillar la realidad de una plantilla que llegó a este semestre con la obligación de pelear el tricampeonato y que hoy pelea, simplemente, por meterse entre los ocho.

Viera fija la meta: Junior debe ganar el 70% de los puntos

No hubo rodeos ni frases de manual. Consultado sobre el panorama del equipo, Sebastián Viera puso una cifra sobre la mesa: para clasificar entre los ocho, Junior tiene que ganar cerca del 70% de los puntos que restan. Es una declaración que sorprende por su crudeza, porque pocas veces un técnico del club se atreve a cuantificar públicamente la distancia que separa al equipo de sus objetivos.

Y acto seguido bajó la mira. Dijo que no se puede pensar en ganar un torneo cuando se está en la casilla dieciocho, y que la prioridad es el sábado. Que tienen demasiados problemas como para andar pensando más allá, y que hay que ir partido a partido. La frase deja entrever un diagnóstico interno mucho más severo del que se transmite hacia afuera, y también una decisión clara de gestionar expectativas antes de que se disparen sin fundamento.

Es un cambio de registro respecto al discurso habitual del club. Junior es el bicampeón vigente y su plantilla se armó para pelear el tricampeonato. Su entrenador, dos semanas después de asumir, plantea la clasificación como objetivo y el próximo partido como horizonte. Ese contraste entre la ambición con la que se construyó el equipo y la urgencia con la que hoy se administra revela, mejor que cualquier otra cosa, la magnitud de la crisis que atraviesa la institución.

Sin pensar en título: la prioridad es el partido del sábado

Consultado sobre una frase suya de la época de jugador, cuando decía que lo importante no era cómo se empezaba sino cómo se terminaba, Viera respondió que sigue pensando igual: que lo importante no son las primeras cinco fechas sino las últimas cinco, y más para un equipo como Junior, que siempre tiene que ganar torneos. Ese guiño a su pasado como capitán y referente del plantel le da cierta autoridad moral al mensaje, porque no es un discurso improvisado sino una convicción que arrastra desde su etapa como jugador.

Pero insistió en la matización: hoy no están enfocados en lo que pase de aquí a dos meses, sino en el sábado. Esa insistencia en el corto plazo funciona casi como un mecanismo de protección para un grupo que necesita recuperar confianza antes que resultados espectaculares. Pensar en el título en este momento sería, según su lectura, una distracción peligrosa para un equipo que todavía no logra ganar en el semestre.

Junior suma tres puntos en seis presentaciones, producto de tres empates y tres derrotas. Lleva doce goles en contra y no ha ganado en el Torneo Finalización. Son números que explican por sí solos la cautela del entrenador y que ponen en contexto la exigencia matemática que planteó: revertir esa tendencia exige un cambio radical en el rendimiento colectivo, no solamente ajustes cosméticos.

El primer paso de ese 70% es el sábado en Valledupar, ante un Alianza que también pelea en la zona baja y que igualmente estrena entrenador. Sobre eso último Viera dejó una lectura: cuando un técnico lleva tiempo, el rival sabe cómo juega su equipo; cuando entra uno nuevo, esa información desaparece. Aun así, subrayó que deben concentrarse en lo propio y proponer, dejando claro que la incertidumbre táctica del rival no será excusa ni plan de partido, sino que la clave pasa por lo que Junior pueda controlar dentro de la cancha.

El mensaje de Viera deja dos certezas para lo que resta del semestre: la primera, que el objetivo inmediato es matemático y exigente, un 70% de rendimiento que obliga a una transformación real en el funcionamiento del equipo; la segunda, que el discurso institucional se ha corrido hacia la humildad y el paso a paso, dejando atrás, al menos por ahora, cualquier ilusión de tricampeonato. El sábado en Valledupar comenzará a saberse si esas palabras se traducen en resultados concretos.