El diván rojiblanco: ¿Es Alfredo Arias el problema o el síntoma de este Junior?
El fútbol en Barranquilla nunca ha sido una simple cuestión de pizarras tácticas; es un estado de ánimo colectivo. Hoy, ese termómetro social que suele hervir en las tribunas del Estadio Metropolitano Roberto Meléndez marca una preocupante temperatura de frustración. Tras la reciente caída en Palmira ante el América de Cali, el proyecto liderado por Alfredo Arias ha entrado formalmente en su primera gran crisis de fe. Un solitario punto cosechado de nueve posibles en las jornadas recientes no es solo una estadística fría; es el reflejo de un equipo que parece haber extraviado su brújula en el terreno de juego.
El debate en los corrillos deportivos de la ‘Arenosa’ ya no gira en torno a los nombres propios, sino al funcionamiento de una plantilla que, sobre el papel, tiene la obligación de someter a sus rivales. A Arias se le cuestiona la falta de rebeldía táctica cuando las papas queman, la pasividad en las transiciones defensivas y esa alarmante desconexión en un mediocampo que pierde los duelos individuales con pasmosa facilidad.
Sin embargo, achacarle la tormenta entera al timonel de turno sería un análisis perezoso. Junior padece de un mal crónico: la falta de paciencia institucional para sostener procesos a mediano plazo. En el fútbol colombiano contemporáneo, donde el margen de error se reduce a la inmediatez de un resultado dominical, el estratega uruguayo se encuentra en una encrucijada determinante. La clasificación no espera, la hinchada no perdona y el banquillo del ‘Tiburón’ vuelve a quemar como el sol del mediodía en la Vía 40. Recomponer el camino no será una tarea de discursos, sino de una profunda reingeniería futbolística que devuelva la identidad ganadora a una camiseta que pesa toneladas.



