Katie Taylor eligió despedirse en la cima. A los 40 años derrotó por decisión unánime a Flora Pili ante unas 83.000 personas en Croke Park y cerró su carrera profesional con marca de 26 victorias y una derrota.

Por Jorge Serrano Escalante

Una despedida con el peso de la historia

La irlandesa no llegó a la última campana para administrar un homenaje. Conservó sus títulos indiscutidos del peso superligero frente a una rival más joven y hasta entonces invicta. Ese detalle sostiene la legitimidad deportiva de la despedida: Taylor se fue después de competir, no de representar una versión ceremonial de sí misma.

Los cinturones de los principales organismos quedaron sobre el cuadrilátero como síntesis visible de una trayectoria que cruzó épocas. Antes del profesionalismo ya había sido campeona olímpica; después ayudó a convertir las grandes peleas femeninas en acontecimientos centrales y no en simples complementos de cartelera.

Más allá del récord

El 26-1 explica una parte de su grandeza, pero no toda. La influencia de Taylor también se mide en los escenarios que ocupó, en la audiencia que convocó y en la normalidad con la que una boxeadora pudo encabezar una función multitudinaria en un estadio nacional.

Su legado no elimina las desigualdades de bolsas, promoción y oportunidades que persisten en el boxeo femenino. Precisamente por eso importa: mostró que la demanda existe cuando el deporte recibe narrativa, inversión y continuidad.

Lectura editorial

Las carreras grandes no siempre encuentran un cierre a su altura. Taylor sí lo encontró: en casa, campeona y todavía competitiva. El mejor homenaje no será repetir que abrió puertas, sino mantenerlas abiertas para quienes vienen detrás. Su retiro deja una ausencia en el ring y una responsabilidad fuera de él.

Katie Taylor en un entrenamiento público de julio de 2025; foto de archivo, anterior a su retiro. Foto: Oleg Yunakov / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0. Imagen original · Licencia.