Estados Unidos volvió a gobernar el baloncesto femenino mundial. Superó 97-79 a Francia en la final de Berlín 2026, remontó una desventaja de 14 puntos y levantó su duodécimo título, quinto consecutivo.

Por Jorge Serrano Escalante

Una final que exigió reacción

El marcador final puede sugerir comodidad, pero la ruta fue distinta. Francia construyó una ventaja de 14 puntos y obligó a la selección estadounidense a abandonar cualquier automatismo. La respuesta llegó con profundidad, defensa y una aceleración que cambió la naturaleza del partido.

La remontada confirmó una característica del campeón: no depende de un único guion. Puede imponerse desde el talento individual, pero también desde la rotación, la presión defensiva y la capacidad de convertir una dificultad en un tramo de dominio.

Doce títulos y una vara cada vez más alta

La duodécima corona amplía una hegemonía que ya no se explica solamente por una generación. Estados Unidos ha construido una estructura capaz de renovar nombres sin perder la exigencia. Cinco Mundiales consecutivos y dos décadas sin derrotas en Juegos Olímpicos o Copas del Mundo describen una continuidad excepcional.

Francia, por su parte, dejó una señal de competencia real. Alcanzar la final y poner al favorito contra las cuerdas durante varios pasajes no equivale al título, pero sí muestra que la distancia puede discutirse cuando existe un proyecto estable.

Lectura editorial

El dominio prolongado siempre plantea dos lecturas. La primera celebra la excelencia de quien gana; la segunda pregunta qué deben hacer los demás para reducir la brecha. El baloncesto femenino necesita rivales capaces de incomodar a Estados Unidos durante cuarenta minutos, no solo durante una mitad. Berlín dejó una campeona conocida y, al mismo tiempo, una invitación urgente a elevar la competencia global.

Celebración real de Estados Unidos con el trofeo en Berlín, 13 de septiembre de 2026. Foto: Zafer Batık / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0. Imagen original · Licencia.