Barranquilla se prepara para vivir una noche especial. El estadio Romelio Martínez, ese templo que ha visto crecer generaciones enteras de hinchas tiburones, será testigo este sábado a las 8:20 de la noche de un episodio que quedará marcado en la historia reciente del Junior de Barranquilla. Sebastián Viera, el uruguayo que llegó como arquero y se ganó el corazón de la Costa con guantes y garra, ahora se planta del otro lado de la línea de cal para dirigir su primer partido oficial como entrenador. El rival no es cualquiera: Jaguares de Córdoba llega dispuesto a hacerle pasar un mal rato al debutante, pero en Barranquilla ya se respira ese aroma a fiesta que solo el fútbol y la pasión caribeña saben producir.
Viera se estrena y el Romelio se viste de gala
El camino de Sebastián Viera en el Junior no es el de un desconocido que llega a probar suerte. Durante años defendió el arco rojiblanco con una entrega que lo convirtió en ídolo instantáneo de la grada norte y sur del Metropolitano, y ahora, en una decisión que sorprendió a más de uno en los despachos de la dirigencia, asume el reto de comandar el equipo desde la banca técnica. No es un salto improvisado: el uruguayo ha venido preparándose, estudiando el semestre, absorbiendo cada detalle del funcionamiento interno del club que lo adoptó como hijo.
La elección del Romelio Martínez para este debut no es casualidad, aunque el partido se juegue ahí por razones de calendario y disponibilidad del Metropolitano. Ese coliseo de la calle 72, con su historia centenaria y su cercanía con la gente, tiene una energía distinta, más íntima, más de barrio, que puede jugar a favor de un técnico novato que necesita sentir el calor de su público desde el primer silbatazo. Los hinchas que lograron boleta ya hablan de “amanecer” en las inmediaciones del estadio para asegurar buen lugar, porque en Barranquilla estas fechas del fútbol colombiano se viven con la misma pasión que un carnaval en pleno mes de febrero.
Jaguares de Córdoba no llega de visita de cortesía. El cuadro cordobés necesita puntos para escalar posiciones en la tabla y sabe que un tropiezo del Junior en su noche de estreno técnico sería un golpe moral que trascendería el resultado deportivo. Viera lo sabe también, y por eso en los entrenamientos de esta semana en la Sede Deportiva se le ha visto exigente, meticuloso, buscando transmitir a sus jugadores esa misma tranquilidad bajo presión que a él lo caracterizó bajo los tres palos durante tantas tardes de gloria.
La pasión rojiblanca espera al nuevo capitán del banquillo
Hay algo particular en cómo la afición tiburona recibe este momento. No es simplemente la llegada de un técnico más a la lista interminable que ha pasado por el Junior en los últimos años; es ver a uno de los suyos, a un guerrero que sangró la camiseta, asumir la responsabilidad máxima. En las cantinas del barrio Abajo, en las tertulias de la carrera 44, en cada rincón donde se respire fútbol en Barranquilla, el nombre de Viera se repite con una mezcla de esperanza y cariño que pocos entrenadores han recibido antes de dirigir su primer partido.
El análisis de las fechas del fútbol colombiano indica que este semestre viene cargado de compromisos que exigirán rotación, paciencia y un manejo emocional del plantel que Viera conoce mejor que nadie, precisamente por haberlo vivido desde adentro. Los expertos locales coinciden en que su conocimiento del vestuario, de las dinámicas internas y de lo que significa jugar bajo la presión de una hinchada que no perdona la indiferencia pero premia el compromiso, puede ser su mayor activo en estas primeras jornadas donde todo entrenador nuevo necesita margen de confianza.
El Romelio Martínez, con su capacidad reducida pero su acústica privilegiada para el grito costeño, promete convertirse este sábado en una caldera de emociones. Los tambores, las trompetas y ese cántico eterno de “dale, dale Junior” acompañarán cada movimiento táctico del debutante uruguayo, quien seguramente sentirá en carne propia esa diferencia entre estar parado en el área grande esperando un remate y estar de pie en la línea de cal, gritando indicaciones con la misma pasión con la que antes atajaba penales decisivos para el equipo de sus amores.
Lo que suceda este sábado en el Romelio Martínez trascenderá el simple resultado deportivo. Será la confirmación, o el primer tropiezo, de una apuesta que la dirigencia rojiblanca hizo con el corazón puesto en la historia reciente del club y en el cariño genuino que Sebastián Viera se ganó a pulso durante sus años bajo los tres palos. Barranquilla entera, esa ciudad que vive el fútbol con la misma intensidad que sus fiestas de octubre, estará pendiente de cada minuto, de cada decisión, de cada gesto de un hombre que pasó de detener balones a dirigir destinos. La pasión costeña, esa que no se explica sino que se siente, ya está lista para acompañar a su nuevo capitán en esta travesía que apenas comienza.



