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Daniil Medvedev defendió por primera vez un título del circuito ATP. El ruso remontó este domingo 25 de octubre ante el georgiano Nikoloz Basilashvili y ganó la final del Almaty Open por 6-7(6), 6-1 y 6-3, para conquistar su cuarto trofeo de la temporada.
El resultado también representa el campeonato número 25 de su carrera. Medvedev había ganado torneos en distintos escenarios, pero hasta ahora no había conseguido conservar una corona al año siguiente. En Kazajistán encontró esa victoria después de perder un primer set muy disputado.
Basilashvili se llevó el primer golpe
El georgiano, que había comenzado la semana en la clasificación, obligó al primer cabeza de serie a trabajar desde el inicio. La apertura se definió en un desempate y terminó de su lado, de modo que Medvedev tuvo que reorganizar su partido con un set de desventaja.
Basilashvili no llegaba a una final del circuito desde 2022. Su recorrido en Almaty lo había devuelto a un escenario importante y, durante ese primer parcial, encontró las respuestas necesarias para poner al favorito en una situación incómoda.
Para Medvedev, perder el desempate no cambió la necesidad de sostener el plan. El marcador todavía ofrecía tiempo para reaccionar, pero exigía mejorar la continuidad de sus golpes y reducir las oportunidades que el adversario estaba encontrando desde el fondo.
La respuesta llegó con un segundo set de 6-1
El ruso cambió el desarrollo en la segunda manga y la ganó con amplitud. El 6-1 devolvió la igualdad al partido y trasladó la definición a un tercer set, en el que volvió a establecer una diferencia suficiente para cerrar el encuentro por 6-3.
La crónica de Tennis Now destacó la diferencia en errores no forzados: registró 20 de Medvedev frente a 40 de Basilashvili. Ese contraste ayuda a explicar por qué la final cambió después del primer parcial.
La misma cobertura situó la duración en una hora y cincuenta minutos. Fue una definición en la que el campeón necesitó corregir un comienzo adverso, mantener la paciencia y aprovechar la caída en la precisión del rival para darle vuelta al resultado.
Una semana que pasó por Shimabukuro, Atmane y Bublik
Antes de la final, Medvedev había superado al japonés Sho Shimabukuro por 6-2 y 6-1 y al francés Terence Atmane por un doble 6-4. En semifinales avanzó después de que Alexander Bublik se retirara por una lesión de rodilla tras perder 6-3 el primer set.
Basilashvili, por su parte, había eliminado a Marin Cilic, Facundo Díaz Acosta y Adrian Mannarino. Después derrotó a Stefanos Tsitsipas en tres mangas para conseguir el derecho a disputar el título frente al defensor de la corona.
El balance de Tennis Majors recoge esos recorridos y el dato que distinguió al campeón: había perdido las tres finales anteriores que alcanzó como defensor de un título. En esta ocasión logró completar la tarea.
Medvedev también había necesitado tres sets en la final de Almaty de 2025, cuando venció a Corentin Moutet. Un año después volvió a resolver una definición larga y consiguió enlazar dos ediciones ganadoras en el mismo torneo.
El título impulsa su cierre de temporada
La victoria refuerza las posibilidades del ruso de clasificarse para las ATP Finals de Turín. La pelea por entrar en el grupo de ocho añade valor a cada resultado durante las últimas semanas del calendario, aunque ganar en Almaty no equivale por sí solo a tener asegurada esa plaza.
Su agenda contempla ahora el torneo de Viena y el Masters de París. Ambos compromisos forman parte de una recta final en la que deberá administrar la recuperación física y mantener el rendimiento que le permitió sumar otro campeonato en pista dura.
El desenlace de Almaty deja dos balances distintos. Basilashvili terminó una semana valiosa desde la fase previa, pero no consiguió completar la final después de adelantarse. Medvedev convirtió la desventaja inicial en una victoria que añade un nuevo registro a su trayectoria.
El ruso sale de Kazajistán con 25 títulos y una cuenta pendiente resuelta: defender una corona. La remontada mostró que, incluso después de ceder el primer golpe, pudo encontrar una forma más estable de competir y sostenerla hasta el último juego.




