Atlántico reciben tarjetas provisionales en Barranquilla dentro del proceso de profesionalización del sector.
Barranquilla fue escenario este viernes 2 de octubre de una jornada significativa para el deporte del Atlántico: 165 entrenadores e instructores recibieron tarjetas profesionales provisionales, dentro del proceso de formalización que busca ajustar el ejercicio de la actividad a la Ley 2210 de 2022.
El acto se desarrolló en el Pabellón de Cristal del Gran Malecón y contó con participación de organizaciones vinculadas al entrenamiento deportivo en el departamento, entre ellas la Asociación Colombiana de Profesores de Educación Física y Entrenadores Deportivos del Atlántico y el Colegio Colombiano de Entrenamiento Deportivo en el territorio.
Un cambio importante para el deporte local
Durante muchos años, buena parte del entrenamiento en barrios, clubes, gimnasios y escuelas deportivas ha funcionado gracias a personas con amplia experiencia práctica, aunque no siempre dentro de una estructura formal de registro profesional.
La nueva regulación busca cambiar progresivamente esa realidad.
La Ley 2210 de 2022 reconoce y reglamenta la actividad del entrenador deportivo y establece que, para ejercer, debe existir inscripción en el Registro de Entrenadores Deportivos. Esa acreditación se demuestra mediante la tarjeta o documento correspondiente.
Esto significa que el trabajo del entrenador empieza a tener un marco institucional más definido.
¿Qué significa una tarjeta provisional?
La misma ley contempla un régimen para personas que ya ejercían labores de entrenamiento deportivo cuando entró en vigor la norma, pero que no contaban con un título académico profesional, tecnológico o técnico en las áreas establecidas.
Para esos casos se creó la posibilidad de obtener un registro provisional, sujeto al cumplimiento de requisitos y a procesos de certificación de idoneidad. La norma establece además las condiciones para el registro de quienes sí cuentan con formación profesional o técnica reconocida.
La tarjeta, por lo tanto, no es solamente un documento administrativo. Representa un paso dentro de un proceso más amplio de organización, control y profesionalización.
Impacto en clubes, ligas y escuelas
En el Atlántico, el tema tiene especial relevancia por el crecimiento de escuelas deportivas, academias de fútbol, gimnasios, clubes de béisbol, baloncesto y proyectos comunitarios.
Muchos de estos espacios trabajan directamente con niños y adolescentes.
Tener entrenadores formalmente registrados puede ayudar a establecer estándares mínimos de preparación, responsabilidad y actualización profesional.
El Colegio Colombiano de Entrenamiento Deportivo tiene, entre sus funciones definidas en la ley, expedir la tarjeta, vigilar el correcto ejercicio de la actividad y desarrollar tareas de capacitación y actualización.
Barranquilla como punto de encuentro
La entrega de las 165 tarjetas en el Gran Malecón también tiene un componente simbólico.
Barranquilla se ha consolidado como uno de los principales centros deportivos del Caribe colombiano y constantemente recibe campeonatos, selecciones y eventos de alto nivel.
Sin embargo, el crecimiento del deporte no depende únicamente de estadios o grandes competencias. También depende de quienes trabajan diariamente en procesos de formación.
Los entrenadores son el primer contacto de muchos niños con una disciplina deportiva. De su preparación depende buena parte del desarrollo técnico, pero también de la formación en hábitos, disciplina y cuidado físico.
Profesionalizar sin perder experiencia
Uno de los grandes retos será integrar conocimiento académico y experiencia práctica.
El deporte del Atlántico cuenta con entrenadores que han construido durante décadas una trayectoria en barrios y clubes. El objetivo de la regulación no debería ser perder ese conocimiento, sino incorporarlo dentro de procesos que garanticen formación continua y responsabilidad profesional.
La entrega realizada este viernes representa un paso en esa dirección.
Para 165 entrenadores del departamento comienza una nueva etapa formal. Para el deporte atlanticense, el proceso abre una conversación más amplia: formar mejores deportistas también exige seguir fortaleciendo a quienes los entrenan.



