Editorial · Deporte Meridiano

Tres puntos en seis partidos. Casilla 18. Por encima solo de Pasto y Alianza, los dos equipos que hoy se juegan la permanencia. Ese es el retrato del Junior de Barranquilla en la novena fecha del Torneo Finalización, seis meses después de levantar la duodécima estrella.

No hay forma elegante de decirlo: el bicampeón es hoy uno de los peores equipos del fútbol colombiano.

Lo que no arregla un cambio de técnico

La salida de Alfredo Arias fue la decisión más fácil de tomar y la menos difícil de explicar. Cinco fechas sin ganar y una eliminación en Copa ante el Barranquilla FC alcanzan para despedir a cualquiera. Pero conviene decir lo que el club no ha dicho: Arias se fue campeón, y el problema que dejó no lo construyó él solo.

Junior armó un semestre con la nómina de un tricampeonato y sin la urgencia de uno. Cerró el mercado sin resolver lo que se veía desde junio, salió a defender el título con las mismas piezas que ya habían dado todo, y cuando los resultados no llegaron, la respuesta fue la de siempre en el fútbol colombiano: el técnico.

Cambiar de entrenador después de cinco fechas es una manera de no responder la pregunta de fondo. ¿Quién decidió que esta plantilla alcanzaba? ¿Con qué criterio se planificó el segundo semestre? Esas preguntas no le corresponden a Viera. Le corresponden a la dirigencia, y hasta hoy nadie las ha formulado en voz alta.

Hay un segundo elemento que casi nadie está mencionando. Junior juega de local en el Romelio Martínez mientras avanzan las obras del Metropolitano. Menos aforo, menos taquilla, menos presión de tribuna a favor. Es una circunstancia transitoria, pero pesa, y explica parte de lo que se ve en la cancha.

El debut dijo más de lo que parece

El 3-3 ante Jaguares fue un empate, pero fue sobre todo un diagnóstico. Junior se puso arriba dos veces y dos veces lo dejó ir. Falló un penal con Luis Muriel. Necesitó un gol de Jesús Rivas al minuto 89 para no perder en casa contra un equipo que también está peleando abajo.

Seis goles en un partido no es intensidad. Es desorden. Y el desorden defensivo no se corrige con arenga.

Por dónde debería empezar Viera

Sebastián Viera llegó al banquillo con 638 partidos como jugador del Junior y ninguno como entrenador en primera división. Esa asimetría es su mayor riesgo y, bien administrada, también su única ventaja.

Primero: decir la verdad sobre el objetivo. Junior no va a ser campeón este semestre. Pretenderlo sería mentirle a la gente y hacerse daño. El objetivo real es entrar a los ocho, y si eso no se da, terminar el año con un equipo reconocible. Nombrarlo en voz alta libera al plantel de un peso que hoy lo está ahogando.

Segundo: definir un equipo titular y sostenerlo. La rotación permanente fue uno de los reproches al ciclo anterior. Un plantel que no sabe quién juega el sábado no genera automatismos. Viera necesita once nombres y tres fechas de paciencia con ellos.

Tercero: resolver el problema defensivo antes que el ofensivo. Junior marca. Lo que no hace es sostener resultados. Dos ventajas desperdiciadas en un solo partido es un dato de organización, no de actitud, y se trabaja en la semana.

Cuarto: quitarle el penal a Muriel si hace falta. Suena menor y no lo es. Definir jerarquías desde el primer día, aunque incomode, es la manera más rápida que tiene un técnico novato de instalar autoridad.

Quinto: apoyarse en un cuerpo técnico con oficio. Viera no tiene experiencia en el banquillo y no debería fingir que sí. Rodearse de un asistente con recorrido en primera no le resta autoridad: se la sostiene.

Lo que Barranquilla le va a dar, y por cuánto tiempo

Viera tiene un crédito que ningún otro entrenador tendría en esta situación: es el ídolo. La ciudad le va a perdonar dos o tres fechas de transición que a Arias no le perdonó.

Ese crédito, sin embargo, no es infinito, y usarlo mal sería la peor manera de gastar catorce años de historia con la camiseta. El viaje del sábado a Valledupar, ante un Alianza que también está en el fondo, dejó de ser un partido más. Es la primera prueba real.

Junior necesita ganar. Y necesita, con la misma urgencia, que alguien en la sede administrativa explique cómo se llegó hasta aquí.